Fernando Ónega, en La Vanguardia, también pone el dedo en la llaga
"Al final, lo han conseguido: la clase política española, en vez de ser la solución, es el problema. El tercer problema del país detrás de lo obvio, que es el paro y la situación económica. Nuestros políticos nunca habían llegado tan alto en la tabla de inquietudes, ni nunca habían caído tan bajo en el aprecio popular.
[...]
la sociedad ha dejado de percibir al político como un servidor público. Lo ve egocéntrico, endogámico, ensimismado, ocupado en sus batallas de poder y ajeno a las inquietudes del ciudadano. Cuando surge algún escándalo, lo encuentra más dispuesto a la defensa del grupo que a la exigencia de responsabilidades. Cuando las dificultades asedian al país, lo percibe más preocupado de salvarse a sí mismo o de culpar al adversario que de aportar soluciones.[...]"
Y con el impulso tomado, conseguirán llegar a ser el primer problema. Habría que ir pensando en renovar la partitocracia de la RBSP antes de que lo consigan.
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