Agustín Ruiz Robledo, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Granada, escribe en ElPais:
"[...] realmente, después del fracaso del plan de austeridad de 16 millones de euros del mes pasado, de la rebaja de la calificación de la deuda y su automático encarecimiento, del deterioro de la Bolsa, de que el gobernador del Banco de España, el presidente del Santander y otros muchos actores económicos le hayan pedido reformas, de la gran presión de los socios europeos, incluso de la llamada de Obama en el mismo sentido, ¿podía Zapatero seguir sin recortar los gastos públicos? Evidentemente, no.
Si no había alternativa posible al recorte presupuestario, la grandeza del personaje no puede venir por ese lado, lo mismo que no tiene mérito el jugador de ajedrez que se ve forzado a sacrificar la dama para evitar un jaque mate. La grandeza estaría en otro sitio: en reaccionar igual que hizo su predecesor Salmerón y, admitiendo que los recortes son necesarios, dimitir para que otro socialista los adopte. Como el prócer republicano, con esa actitud no solo evitaría tomar decisiones que contradicen sus convicciones, sino que haría un gran favor a la causa del socialismo, pues permitiría que un nuevo líder afrontara la crisis sin el peso de las decisiones erróneas que él ha tomado en los últimos años y sin el desprestigio de desdecirse de todo lo que venía proclamando. Entonces sí que merecería alguna alabanza que, parafraseando a la que se puso en el mausoleo de don Nicolás, podría ser esta: "Abandonó el poder para no firmar el mayor recorte de derechos sociales de la democracia"."
Con cuanta sapiencia, Don Agustín recuerda que el Sr. Presidente, después de tanta mentira, debería aprovechar esta oportunidad para dimitir con elegancia en lugar de seguir acumulando despropósitos, demostrando que lo único que le importa es mantenerse en la poltrona.
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